domingo, 3 de agosto de 2025

Lo perfecto del cuerpo humano

A veces, entre tanto ruido, entre tantas exigencias, se nos olvida mirar con asombro lo que somos. Olvidamos que habitamos una máquina perfecta, sabia, que funciona con una precisión que ni la mejor de las tecnologías ha podido igualar. Nuestro cuerpo. Ese que a menudo criticamos, que señalamos con dureza frente al espejo, sin detenernos a pensar todo lo que hace por nosotros, cada día.

El cuerpo humano es una sinfonía en equilibrio. Cada célula sabe lo que tiene que hacer. Cada órgano trabaja en sincronía. El corazón late sin que se lo pidamos, los pulmones se llenan de aire y se vacían, una y otra vez, y nosotros, muchas veces, ni lo notamos. Caminamos, pensamos, sentimos… todo eso sucede dentro de nosotros, sin que tengamos que recordárselo.

¿Te has dado cuenta de que cuando te cortas, tu piel empieza a sanar sola? ¿O de que puedes sentir el sol en la cara, el frío en las manos, el cosquilleo de una emoción recorriéndote? Somos sensibilidad, somos inteligencia, somos movimiento.

Y aun así, nos empeñamos en compararnos. En pensar que deberíamos ser más altos, más delgados, más jóvenes. En cambiar lo que ya es, en lugar de aprender a admirarlo. Pero no hay dos cuerpos iguales. Y eso también es parte de su perfección.

El cuerpo no solo nos sostiene: nos habla. Nos avisa cuando algo no va bien. Nos pide descanso, alimento, caricias, aire. Y si lo escucháramos más, si dejáramos de pelear tanto con él, quizá podríamos reconciliarnos con nosotros mismos.

Porque lo perfecto del cuerpo humano no es que sea igual a un modelo, ni que encaje en una talla. Lo perfecto es que está vivo. Que se adapta, se defiende, se entrega. Que a pesar de todo lo que le hacemos pasar —estrés, malas comidas, insomnio, exigencias— sigue ahí, acompañándonos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Arterias y venas:  el viaje que continúa más allá de la vida Las arterias son como grandes carreteras internas que recorren todo nuestro cue...